¿Qué sucede si mi inconsciente ve en mi pareja a mi mamá, mi papá, un hermano o incluso a alguien de mi árbol familiar?
Porque aunque desde la consciencia sepamos que estamos frente a una pareja, el inconsciente —ese territorio donde guardamos memorias, lealtades y heridas— a veces confunde roles.
Y cuando eso pasa, la relación deja de ser una relación de a dos…
Se convierte en un escenario donde repetimos lo que un día no pudimos resolver en nuestro sistema familiar.
Cuando tu pareja ocupa un lugar que no le corresponde
No lo hacemos a propósito. Tampoco es una elección racional.
Es algo que simplemente sucede cuando una parte nuestra queda atrapada en una necesidad no satisfecha.
Podes sentir, por ejemplo, que:
Te cuesta poner límites (como te pasaba con mamá o papá).
Buscas constante aprobación (como de pequeña).
Necesitas cuidar al otro más de lo que es sano.
Sentís que tu valor depende de sostener la relación.
Tenes miedo de “dejar solo” a alguien, como si fueras responsable de su bienestar emocional.
Y entonces el vínculo empieza a doler. No por lo que pasa hoy… sino por lo que representa.
¿Y si mi pareja se parece a alguien de mi árbol?
En Liberación y Transformación Transgeneracional, observamos que a veces elegimos parejas que nos recuerdan a figuras importantes de nuestra historia, incluso sin darnos cuenta.
Pero —y esto es importante aclararlo— no siempre que hay una coincidencia de fechas, nombres o similitudes heredamos la programación emocional de esa persona.
El análisis del árbol es una herramienta, no una condena. Una fecha parecida no determina tu destino. Tampoco significa que estés cargando lo que no te corresponde. Solo abre una posible pregunta, un posible camino de exploración. Lo relevante no es la coincidencia, sino cómo te sentís vos en la relación.
Cuando no puedo irme… y tampoco quiero quedarme
Este espacio intermedio suele ser el más doloroso.
No puedo soltar.
No puedo avanzar.
No puedo decidir.
En realidad, lo que suele estar inmovilizado no es tu voluntad, sino una parte interna que está atrapada en una lealtad: la niña que necesitó a mamá, a papá, o el amor de alguien que no supo o no pudo estar.
Esa parte sigue sosteniendo la esperanza de que ahora sí, con esta pareja, “se repare”.
Pero la pareja no es mamá.
No es papá.
No es tu hermano.
Y tampoco puede ocupar ese lugar.
Cuando comprendemos esto con amor, sin juicio, algo empieza a aflojar.
El cuerpo respira diferente.
La mente deja de pelear.
El corazón se permite mirar con más claridad.
Cuando miramos el vínculo con ojos nuevos:
Dejamos de juzgarnos.
Dejamos de exigirnos decidir rápido.
Empezamos a ver qué parte de nuestra historia se está activando.
Podemos devolver lo que no nos corresponde y recuperar nuestra fuerza.
Y desde ahí, la decisión —la que sea— aparece sola, desde un lugar más libre, más adulto y más amoroso con nosotros mismos.
Si hoy te encontrás diciendo:
“No puedo dejar a mi pareja, pero tampoco quiero estar con ella”, quizás sea un llamado interno a mirarte con profundidad, con compasión, con verdad. No para culparte, sino para devolver cada rol a quien corresponde y permitir que tu energía vital vuelva a vos. Cuando el inconsciente se aclara, el camino también lo hace. Y aparece algo que no siempre vemos al principio:
la libertad de elegir desde el amor, no desde la herida
¿Qué puedo hacer para aclarar lo que siento?
Te dejo un ejercicio sistémico simple:
Siéntate en un lugar tranquilo.
Colocá dos hojas en el piso:
una representa “quedarme”
otra representa “irme”
Párate primero sobre “quedarme”. Sentí tu cuerpo.
Luego párate sobre “irme”. Sentí tu cuerpo ahí.
No pienses: observa donde respira mejor tu cuerpo.
Anota sin juzgar lo que aparece.
Tu cuerpo sabe antes que tu mente. Dejá que te guíe.
Si este tema te resonó…
Podés profundizar este proceso dentro de Liberación y Transformación Transgeneracional, donde trabajamos los lugares internos que aún no pudieron ordenarse.
👉 Disponible en mi Escuela Holística Online.
Con Amor y Gratitud
Terapeuta Holística Integral
Maestra Certificada de TRE